¿Qué es la guerra? ¿Un método que utiliza la violencia para intentar solucionar un conflicto? ¿Una forma de crear conflictos con la excusa de acabar con ellos? ¿Es un conflicto en sí?
Nadie lo sabe. Al igual que nadie sabe por qué hay guerras. Es el gran misterio de la mente humana: somos capaces de comprender el gigantesco daño que podemos hacer y lo tememos, al menos en teoría, pero eso no impide que sigamos cometiendo atrocidades sin parar.
Y la guerra es la mayor de las atrocidades. Cuando los D’anero llegamos a esta tierra, quedamos horrorizados por la situación en la que se encontraba: una guerra a seis bandos. Muerte en todas partes.
Na-Shaya fue testigo de nuestro poder y, en respuesta, los Van Lauthen nos propusieron un trato: nos ayudarían a conquistar todo si a cambio traíamos la paz.
De sobras es sabido que aceptamos y cumplimos el trato. Todo el continente era nuestro y la guerra acabó.
Pero los Van Lauthen no estaban satisfechos con esto. Querían poseer el mismo poder que nosotros teníamos. Querían la Magia y la Habilidad.
Nosotros nos negamos a dársela, al menos en un principio. Éramos pocos y nuestro reinado se basaba precisamente en ese poder. Pero ellos insistieron y finalmente accedimos a otorgarles todo lo que pedían, insuflando nuestra Energía a la tierra.
Entonces, el descontento que sentían por nosotros subió como la espuma. No sabían controlar su poder y llegaron a causar un gran daño, así que les arrebatamos parte de la Energía; pero eso no les gustó. Éramos aún muy poderosos para ellos, pero aun así, la semilla del odio y la revolución ya había germinado.
Pronto empezaron a creer que en realidad los dones que les habíamos otorgado eran una maldición, pero aun así, entrenaron todo lo que pudieron. Finalmente, cuando eran lo suficientemente poderosos como para causarnos problemas, empezó la rebelión.
Por aquel entonces, las Siete Coronas tenían una familia real cada una. Entre todas ellas, tramaron un plan para acabar con nosotros.
Los creadores del plan y principales líderes de la rebelión fueron los Van Lauthen. Raptaron a Crystal D’anero y se la llevaron a Tar-Thelion, con el propósito de atraer nuestra atención. Entonces, nuestros miembros más fuertes partieron en su busca, alejándose del resto de la familia.
Entonces actuaron todos los demás. Los D’anero no teníamos residencia fija, sino que poseíamos viviendas en cada una de las Siete Coronas, algo que los conspiradores utilizaron a su favor.
Cada una de las familias reales invitó a una fastuosa cena a los D’anero que estuvieran en su reino aquella noche. Neishi era el único reino que no tenía a ninguno allí, así que excepto los Hikkohime, la familia de emperadores de Neishi, y los Van Lauthen, que se habían descubierto como traidores, todas las familias reales acogieron a varios D’anero en su palacio, con el pretexto de expresar su preocupación por la pequeña Crystal, que por entonces tenía apenas cuatro años, y demostrar su lealtad.
Fuimos descuidados. Confiamos demasiado en nuestros súbditos. No nos dimos cuenta de que todos los D’anero estaban, o bien buscando a Crystal, o bien reunidos en castillos. Pero, aunque lo hubiéramos sabido, no nos hubiera importado mucho. ¿Qué podían hacer unos simples Zurdos o Diestros contra nosotros, Ambidiestros?
Fácil. Podían violar las leyes de la hospitalidad.
Envenenaron la comida.
Hay un dicho que dice «el veneno es el recurso de los débiles o los cobardes». Nunca mejor dicho. El veneno no les mató, ya que utilizaron la Magia para intentar curarse en cuanto se dieron cuenta de la trampa, pero les debilitó. Ante el ataque de los que nos habían ofrecido comida y consuelo minutos antes, muchos no pudieron hacer otra cosa que huir, fuera a donde fuera. Sin embargo, otros se quedaron a luchar.
Al verse acorralados, decidieron luchar con todas sus fuerzas. En todos los castillos se desencadenaron batallas de proporciones épicas. Los D’anero que lucharon murieron, sí, pero se llevaron con ellos todo lo que había cerca.
Los palacios y las familias reales fueron completamente destruidas, todas ellas. No quedó absolutamente nada.
Y los que buscaron a Crystal D’anero llegaron demasiado tarde. No pudieron hacer nada para ayudarla, así que la vengaron. Era la futura heredera de las Siete Coronas y en su memoria se realizó la Masacre de Na-Shaya. Sin embargo, no mataron a todos los Van Lauthen, puesto que creyeron que era mejor que tuvieran un juicio justo antes que matarlos.
Y al volver, se encontraron con todo lo demás. Esta tierra ya no quería a los D’anero, así que los pocos supervivientes prefirieron marcharse antes que ganarse más enemigos.
Esta tierra nos traicionó. Nos atacaron a traición, nos obligaron a huir y utilizaron a una niña inocente como rehén. Y ahora nos recuerdan como a monstruos.
Las Siete Coronas que con tanto afán fundamos y construimos comenzaron a autodestruirse al no tener un líder claro. Y como todo lo que tiene que ver con los D’anero es maligno, nunca se han vuelto a fundar monarquías.
Ahora los pueblos y ciudades son independientes entre sí. Cada una tiene sus propios jefes, sus propios tiranos, sus propias leyes. Fundaciones como la Orden de Alexis, ahora conocida como la Orden de Ager, ejercen como líderes de sus territorios usando la fuerza.
Eso es lo que buscaron al acabar con nuestro liderazgo. Conseguir miles de tiranos nuevos y perder cualquier autoridad que pueda defender a los ciudadanos contra los abusos.
A veces me pregunto si debería sentir pena por ellos. Tal y como van las cosas, pronto volverá a surgir una guerra que asole el continente y esta vez no habrá ninguna familia de allende los mares que ayude a resolver el conflicto. Y eso significará muerte y destrucción a raudales, otra vez. Tan solo Neishi o Na-Shaya tendrán alguna posibilidad de sobrevivir.
Como ya he dicho muchas veces, querido lector, tengo un plan. Un plan que ya está en marcha y que cambiará el mundo cuando se realice, puesto que nada ni nadie podrá interponerse en mi camino.
Mediante este plan, podría mejorar la situación de las Siete Coronas o empeorarla. Todo depende de mi elección, de si es mejor para mí hacer una u otra cosa. ¿Salvar miles de vidas o vengarme por lo que hicieron a mi familia?
Es una decisión difícil. Sin embargo, siempre he tenido claro qué hacer. Tan solo ahora, una vez que los acontecimientos han empezado a desarrollarse, me encuentro con algo —o mejor dicho, alguien— que puede hacerme cambiar de opinión.
Si destruyo o salvo este mundo, depende tan solo de una persona.
Depende de Catherine Acciari.
Ahora, ya no hay tiempo de seguir escribiendo. Se despide de ti, querido lector:
Alexis D’anero.
El que se vengará del mundo, de una forma u otra.