«S’oc at heu gherman, ans uleix than sanc».
«S’oc at heu gherman, ans uleix than sanc».
Cath estaba flotando en un abismo negro, completamente sola. No sentía nada, no pensaba en nada. Solo podía escuchar esas ocho palabras.
«S’oc at heu gherman, ans uleix than sanc».
¿Qué significaban? Estaba segura de que podía descifrarlas si se esforzaba lo suficiente, pero… no, no era capaz, al menos de momento.
Y sin embargo, a pesar de no saber qué significaban, tenía que recordarlas… ¿Por qué?
—Alguien importante me las dijo… —murmuró para sí Cath—. ¿Pero quién?
«S’oc at heu gherman, ans uleix than sanc».
Una persona importante… Una persona que había cuidado de Cath durante mucho tiempo… ¿Alguien a quien ella quería?
Poco a poco, una figura se fue dibujando ante sus ojos… una figura masculina…
—¿Quién… eres? —preguntó a la figura.
La figura hizo un ademán con la mano y entonces…
—¡Karen! ¡Karen! —una voz le hablaba, pero no era la voz que ella quería escuchar. Cath frunció el ceño e intentó ignorarla. Tenía que concentrarse en la figura…
—¡Karen!
Cath abrió los ojos, confundida. Lo primero que vio fue la cara de un chico, con los ojos marrón oscuro, que se mantenía a pocos centímetros de ella.
Actuando más por reflejo que conscientemente, Cath apartó al chico y se dio cuenta de que estaba tumbada, así que se levantó.
—¡Karen! —dijo el chico—. ¡Karen! ¿Estás bien?
—¿Eh? —Cath aún estaba confundida… ¿Había sido todo aquello un sueño? ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado?
Entonces, lo recordó. Nuvea, la rebelión, el ayuntamiento… Y lo que Irwin le había dicho y le había hecho.
—¡Irwin! —gritó—. ¡Irwin me dejó inconsciente!
No podía creer lo que le había hecho el ladrón. ¡¿Con qué derecho se atrevía a dejarla inconsciente?! ¡¿Acaso la propia Cath no podía decidir nada nunca?! Sin que se diera cuenta, por sus mejillas empezaron a correr lágrimas de frustración. No sabía dónde estaba, qué ocurría o por qué la había dejado inconsciente Irwin.
Lo hizo por ti. Para protegerte.
El corazón de Cath dio un vuelco.
—¿Has… dicho algo? —preguntó Cath al chico, olvidando por un momento a Irwin—. ¿Puedes repetirlo?
—¿Qué…? ¡Karen! ¿Qué estás diciendo ahora? —le preguntó el chico, extrañado.
—Te pregunto si has dicho algo… ¿que me protegerías, o algo así?
—Eh… no. —El chico negó con la cabeza—. ¡Pero eso no es importante! ¡¿Qué te ha pasado, Karen?! ¡Habías muerto, yo vi tu cadáver! ¡Y tu aspecto no es el mismo!
—¿Eh? —Cath miró al chico, sin escuchar del todo lo que le decía. Esa voz que había oído… ¿Una mujer le había hablado? ¿Tenía que ver con lo que Irwin había hecho?
No, no tiene nada que ver.
Cath dio un pequeño salto, sorprendiendo también al chico. De nuevo aquella voz de mujer… ¿Qué rayos había…?
Para protegerte, te durmió con Achlys… y eso me despertó. Ya lo había hecho antes, pero parece ser que ahora puedo mantener este estado.
—Pero… —murmuró Cath—. ¿Quién… qué… eres?
—¿No es obvio? ¡Soy yo, Marcus! ¡Tu hermano pequeño! —respondió el chico, con expresión de no entender nada—. ¡Maldita sea, explícate! ¿Qué rayos ha pasado contigo, Karen?
Marcus… Cómo ha cambiado. Te recomiendo hablar con él antes que conmigo… si no, lo confundirás.
Cath tragó saliva. Aquella situación la superaba; por un lado, Irwin le había hecho algo raro, de forma que se había despertado en un lugar que no conocía. Una voz de mujer resonaba en su cabeza, y un tal Marcus insistía en hablar con ella, y solo decía incoherencias…
—¡Karen! —volvió a gritar Marcus—. ¡Responde!
Cath cerró los ojos. No podía concentrarse con el chico gritándole en la oreja, así que decidió ocuparse de él primero.
—Perdona, pero… ¿por ‹Karen› te refieres a mí?
—¿Eh? —Marcus parpadeó—. Es tu nombre. ¿A quién podría referirme si no?
Me parece que se refiere a mí, Cath… espera, mejor que te explique un poco la situación. Cuando Achlys te quitó la Energía, yo desperté y usé mi Magia para traerte hasta aquí. Si no me equivoco, estamos en Sangreal, en algún lugar del Gremio de Ladrones. Este chico se llama Marcus, y es… fue… podemos decir que es mi hermana.
—¿Entonces tú eres Karen? —preguntó confundida Cath. Le resultaba extrañamente natural escuchar una voz interna de mujer… estaba mucho menos sorprendida de lo que ella misma esperaba. Era como si siempre hubiera esperado a escuchar esa voz.
En cierta forma, siempre me has esperado.
—¿Qué? ¿Te has dado un golpe en la cabeza o qué? ¡Yo no soy Karen, tú lo eres! Te reconocí en las ruinas… ¡Reconocí tu voz! ¡Ahora no te pareces a ti misma, pero no puedes engañarme! —respondió Marcus.
Mejor no hables en voz alta para hablar conmigo. Con que pienses en lo que quieras decir, es suficiente. Por ahora, responde a Marcus.
Cath hizo caso a la voz.
—No… me parece que te has confundido, Marcus. Yo no me llamo Karen. No soy tu hermana.
Sí lo eres.
—¡Sí lo eres! —le respondió el muchacho—. No sé por qué estoy tan seguro, pero… ¡tú eres Karen! ¡Noté tu Energía en las ruinas! ¡Era la Energía de mi hermana, estoy seguro!
¿Cómo que era su hermana? ¡Cath no tenía ningún hermano! ¡Toda su familia había muerto en Nandry!
Yo soy su hermana, por lo que tú lo eres también. Pero todavía no del todo.
Cath bufó para sí misma. ¿No podía ser un poco más clara la voz?
Recibí órdenes. Hago lo que pueda.
—No soy tu hermana… o al menos eso creo. ¿Te llamabas Marcus? —comentó Cath, llevándose una mano a la cabeza—. ¿Dónde estoy?
—Te escuché hablar y eres Karen, estoy seguro. ¡Noté tu Energía!
—¿Energía? —Cath inclinó la cabeza, insegura—. ¿A qué te refieres?
—¿Eh? —Marcus parpadeó—. A tu Energía Zurda, por supuesto. ¿A qué si no?
—¿Energía Zurda? ¿Magia, quieres decir?
—Vaya —Marcus negó con la cabeza—. Creía que no te gustaba usar esa palabra.
—Que no me gustaba… ¡Espera un segundo! —Cath abrió los ojos todo lo que pudo. No podía ser… —Esa Karen de la que hablas… ¿te refieres a Karen Maider?
Marcus asintió.
—Claro. Tu nombre, ¿recuerdas? Aunque no estoy seguro de qué te ha pasado…
—¡No, escúchame! Puede que me pareciera a tu hermana cuando aparecí aquí, pero no lo soy… Sin embargo, he oído hablar de tu hermana. Y… —Cath desvió la mirada—. Murió hace años.
Marcus se quedó en silencio unos instantes.
—¿Cómo que has oído hablar de mi hermana? ¿Quién te ha hablado de ella?
Cath frunció el ceño. No debía haber dicho aquello; quizá hablar de Irwin no había sido una buena idea. Allí consideraban al ex-ladrón un criminal, y…
Entonces, lo recordó. Con el corazón latiéndole a mil por hora, Cath rebuscó entre sus ropas hasta que finalmente encontró la daga que Irwin le había dado.
Alzándola para que Marcus la viera, habló, intentando acordarse de las palabras exactas:
—Tiene la sangre negra.
Marcus estaba cada vez más nervioso. Estaba seguro de que la chica que había recogido era su hermana… en el momento en el que le había hablado, se había dado cuenta.
La chica se había desmayado a los pocos segundos, lo que colocó al Zurdo en una situación comprometida. Muy comprometida.
Él había abandonado Vera Kant por su hermana. Karen había sido Zurda, al igual que él, y había muerto cuando Marcus solo tenía seis años. Siempre había querido a su hermana y nunca pudo olvidar su muerte.
Su Energía Zurda despertó muy pronto y empezó a recibir clases con Marina, la que fue maestra de su hermana. Sus padres no querían que lo hiciera, porque Karen murió trabajando para Marina, pero al final Marcus los convenció.
Durante los cinco años que pasó estudiando con Marina y con Emily, que tenía un año menos que Marcus y había sido alumna de su hermana, Karen fue un tema recurrente.
Y junto con Karen, Irwin Dedos rápidos protagonizó muchas conversaciones. ¿Quién era el ladrón en realidad? ¿Por qué Karen había muerto al ir con él? ¿Y por qué parecía tan decaído cuando murió?
El ladrón nunca dijo nada sobre las causas de la muerte de la Zurda. Sin embargo, nadie sospechó nunca de él… quizá por el aspecto de sus ojos. Unos ojos con semejante sombra de tristeza no son los ojos de un asesino.
Los años pasaron y Marcus se obsesionó con la figura del ladrón y el misterio de la muerte de su hermana. Cuando Marina decidió viajar a Ager y Emily la siguió, él se escapó de casa para poder indagar en el misterio. En cuanto llegaron a Sangreal, Marcus comenzó a buscar información sobre el ladrón. Pronto acabó en el Gremio y pasó a ser un ladrón.
Y de golpe, su hermana aparecía. En el cuerpo de una chica de su edad, más o menos. Luego se desmayaba, se despertaba diciendo que no era Karen, ¿y ahora le mostraba la prueba de que el «Diablo de Sangreal» la había enviado? ¿Los dos propósitos de su viaje unidos en uno solo?
Aquello era demasiado extraño… ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Qué se supone que debía sentir en semejante situación?
—¿Quién… eres? —preguntó, dándose por vencido—. Antes estaba seguro de que eras Karen… ¿Quién eres ahora?
La chica frunció el ceño.
—No me preguntes quién soy ‹ahora›. Me llamo… —dudó un poco, pero al final habló—. Me llamo Catherine. Puedes llamarme Cath. Y repito —dijo, alzando de nuevo aquella daga—: ‹tiene la sangre negra›. Guíame hasta el Gremio. Bueno, si es que lo conoces.
Marcus dejó salir una sonrisa irónica.
—Ya estás en el Gremio, Cath. Esta es mi habitación, en concreto.
Catherine puso los ojos como platos y observó la habitación entera. No se esperaría que él fuera parte del Gremio, supuso Marcus.
—¿Esto es… el Gremio? —preguntó Cath.
—Sí, ya te lo he dicho. Cuando apareciste en las ruinas de la posada, creí que eras… no, estoy seguro de que eras mi hermana, así que te traje hasta aquí, saltándome un par de reglas de paso. Nadie te vio, así que no hay problema.
—Vaya… —Cath lo miró fijamente—. ¿Rompiste reglas al traerme aquí?
—Nunca hay que guiar a ningún desconocido hasta el Gremio, bajo ningún concepto —explicó el Zurdo—. Es algo básico, aquí somos criminales. ‹Gremio de ladrones›, ya sabes. Tenemos vigilantes en cada entrada, de todas formas.
—¿Y cómo conseguiste hacerme pasar?
—Soy Zurdo, así que simplemente te oculté.
—Oh. —Cath lo miró, extrañada—. ¿Hay más Zurdos en el Gremio?
—En estos momentos, solo yo. Lo cual es raro, en Sangreal hay muchísimos Zurdos… eso implica que hay medidas antimagia por todas partes. No creas que colarte así es tan fácil en el resto de la ciudad.
—¿Y en el Gremio no tenéis de eso?
—Claro que tenemos, pero las pongo yo, así que puedo burlarlas —contestó Marcus.
—¿Y Diestros? ¿Hay alguno en Sangreal? —preguntó de nuevo Cath.
—¿Bromeas? ¡Hay muchísimos! En el Gremio también hay un montón, son muy comunes en este país. ¿Por qué lo preguntas?
—No sé, de donde vengo no son muy comunes ni unos ni otros. El único Diestro que conozco…
—Tiene la sangre negra, ¿no? —interrumpió Marcus—. Supongo que es normal. Dependiendo del país, hay más Diestros o Zurdos, es algo conocido.
—Pues Irwin nunca me dijo nada —murmuró Cath.
—A lo mejor él no lo sabe —dijo el Zurdo—. Por lo que sé, en Ager es muy fácil que haya Diestros, pero raro que haya Zurdos. En Nadwer es al revés, hay muchísimos Zurdos y pocos Diestros… en Curpo ambos son escasos. En Neishi hay muchísimos Zurdos también, y en Kratos muchos Diestros… En el Norte hay pocos de ambos y en Na-Shaya… bueno, ni idea.
—Oye… —Cath frunció el ceño—. ¿Por qué me estás contando todo esto? Creía que en el Gremio tendríais cuidado con dar información a extraños, o eso sugirió Irwin.
—¿No es obvio? —Marcus sonrió—. Si conoces de verdad al ‹Diablo de Sangreal›, te tendré que llevar ante Had. Y con él hablarás mucho, así que puedo contarte lo que quiera.
—Vaya… ¿Y a qué estamos esperando? ¿Por qué no vamos a ver a ese tal Had ya?
—Estaba esperando a que te recuperaras un poco, estabas pálida —comentó Marcus—. Pero si quieres, podemos ir ya. Seguramente estará en su habitación.
Cath asintió y se levantó de la cama en la que Marcus la había tumbado.
—Vamos —dijo.
Acto seguido, abrió la puerta y se sumergió en los pasadizos del Gremio, seguido por Cath. El camino era el mismo que para salir, pero sin girar hacia la trampilla que daba a la panadería.
Al llegar a la sala del Triángulo, Marcus hizo una ligera reverencia, como de costumbre. Notó cómo tras él, Cath hacía lo mismo.
—¿Por qué la reverencia? —le preguntó acto seguido la chica—. ¿Qué hay ahí?
—Es la sala del Triángulo. Ahí se guardan las tres Armas Antiguas, que Dedos rápidos recuperó. Bueno, dos de ellas. El Triángulo original incluye a Achlys, Layna y Circe, pero ahora falta…
—Falta Achlys —interrumpió Cath—. ¿Verdad?
—Sí —respondió Marcus, extrañado—. ¿Cómo lo sabes?
—Irwin la tiene en estos momentos. Con ella me durmió y me trajo aquí —respondió Cath, encogiéndose de hombros.
Marcus abrió los ojos todo lo que pudo, completamente asombrado.
—¿Ha encontrado a Achlys? ¿La Primera Espada ha sido hallada?
—Bueno, es una espada y se llama Achlys, sí.
Marcus frunció el ceño, mientras se volvía hacia delante.
—Si el Triángulo de las Armas ha sido encontrado, Had debe saberlo. Me parece que la charla que vas a tener con él va a ser larga, Cath.
—Ah… —Cath se quedó callada unos instantes—. No sabía que había más armas como Achlys. ¿Cómo son?
—Bueno… Had me lo contó. Achlys es la Primera Espada, Layna es la Segunda Espada y Circe es la Varita. Se llaman el Triángulo porque cada arma pierde contra una y se impone contra otra… Achlys gana a Circe, Circe gana a Layna y Layna gana a Achlys… sin embargo, Achlys y Layna son una pareja de espadas gemelas, si se llevan a la vez, tu poder aumenta mucho. Circe es más poderosa por sí sola, pero muy pocas personas pueden usarla.
—¿Ah, no? Irwin usó Achlys y no le costó nada. Tan solo habló en Antiguo.
—¿El Diablo de Sangreal sabe Antiguo? Vaya. ¿Hay algo que no sepa?
—¿Sabes? Últimamente me hago la misma pregunta —le contestó Cath—. Pero, ¿por qué nadie puede usar a Circe? ¿Y qué es lo que hace?
—No es que no pueda usarla nadie, es que solo pueden utilizarla determinada gente… creo que la misma Circe elige a su portador. Y con respecto a lo que hace, mejor que no te lo explique yo. Had es la autoridad en este tema.
De repente, Marcus se detuvo. Estaban al final del pasadizo, enfrente de una gigantesca puerta de color negro, flanqueada por dos antorchas. La puerta era lisa, sin ningún adorno o agarre para abrirla.
—Hemos llegado —dijo Marcus—. Esta es la habitación de Had, el jefe del Gremio de Ladrones de Sangreal.