Interludio 4
Desde los albores de la humanidad, la gente siempre ha deseado conocer lo que depara el futuro. Es muy tentador conocer qué ocurrirá y saber cómo actuar en consecuencia.
Esto nos hace preguntarnos si existe el Destino. ¿Somos libres? ¿O está todo escrito? ¿Existe un «algo» que determina nuestra forma de actuar?
De forma natural, la idea de «destino» nos hace desarrollar la idea de un «dios». Uno o varios seres omnipotentes que no solo son capaces de saber qué nos ocurrirá, sino que, directamente, son ellos los que hacen que actuemos así. Somos simples marionetas, danzando en los hilos que otros mueven; viviendo vidas que otros han escrito para nosotros.
Y esto nos obliga a creer que ese «dios» es benigno. Porque si quien mueve los hilos no es bondadoso, estamos irremediablemente perdidos.
Pero, si quien mueve los hilos es benigno, ¿por qué no todo es felicidad en este mundo? ¿Por qué hay guerras, por qué hay muerte? Los humanos no son culpables, puesto que el Destino está escrito.
No hay culpa en el títere. No hay culpa en el titiritero. ¿Quién es entonces el culpable?
Bueno, puede que haya un tercero que corte los hilos y los mueva luego él, actuando mal. Así que hay un «dios» que mueve los hilos para que todo vaya bien, y otro titiritero que hace lo mismo, pero para que todo vaya mal.
De esta forma, el concepto de «diablo» se crea.
Entonces, ¿el Destino existe? ¿Todo lo que nos ocurre tiene relación con un «dios» y un «diablo»?
He viajado por todo el continente. He cruzado las Siete Coronas, he vagado durante años. He robado, he matado, he estudiado, he investigado. Y por fin conozco la respuesta a esta ancestral pregunta.
¿Existen «dios» y el «diablo»? ¿Existe el Destino?
La respuesta es: sí.
Sin embargo, los conceptos que la gente posee de estos nombres no tienen nada que ver con su verdadera naturaleza. Para explicarlo todo, tengo que empezar de cero.
Este mundo fue creado por dos entes, cuyo poder era inmensurable. No sé la razón por la que todo fue creado, ni nunca la sabré, puesto que los simples humanos no podemos comprender lo que semejantes seres pensaban.
Tras la creación del mundo, fueron creados los humanos. Los dos entes trabajaban en equipo y cada uno creó algo. Uno creó el cuerpo, otro creó la mente. Uno creó la voluntad, otro creó el valor. Uno creó la Magia, otro creó la Habilidad. Uno creó la vida, otro creó la muerte.
Y entonces entraron en conflicto.
Uno de los dos entes creó el Destino y otro creó la Libertad. Sin embargo, ambos conceptos se contradecían. Los seres humanos no podían ser libres y estar destinados al mismo tiempo.
—Si guiamos a los humanos con el Destino, estos serán felices. Nunca sufrirán, puesto que siempre procuraremos que nada vaya mal —dijo el primer ser.
—Si dejamos libres a los humanos, estos serán felices. Podrán actuar como quieran, poseerán una verdadera identidad —dijo el segundo ser.
—El Destino los hará felices —dijo el primer ser.
—El Destino los hará desdichados —dijo el segundo ser.
Y no consiguieron ponerse de acuerdo.
Finalmente, ambos crearon lo que deseaban. El primero creó el Destino y el segundo la Libertad. Ambos conceptos son contradictorios, pero debían coexistir. ¿Cómo podían ser los hombres libres y estar destinados al mismo tiempo?
De esta forma surgieron lo que hoy conocemos como «profecías».
Los humanos eran libres, o al menos la gran mayoría. Poseían la capacidad de actuar por ellos mismos, sin que ningún ente, por poderoso que fuera, pudiera controlar su futuro. Sin embargo, la humanidad en general no era libre. Una serie de sucesos globales la guiaba hacia determinado camino, mediante las profecías. Estos sucesos eran causados por determinados individuos, los únicos humanos que no eran libres del todo.
De forma que lo imposible se hizo posible. Los seres humanos eran libres y eran guiados al mismo tiempo. Sin embargo, ninguno de los dos entes se conformó.
El primer ente quería que todos los humanos estuvieran destinados, pero la Libertad se lo impedía. El segundo ente quería que todos los humanos fueran libres, pero el Destino no se lo permitía.
Así que bajaron a este mundo, con la intención de cumplir sus objetivos. Sin embargo, su poder era demasiado grande para que pudieran existir de forma pura, así que cada uno introdujo una pequeña parte de su poder en un humano. Este humano era la encarnación del ente en la tierra; adquiría un poder superior al de cualquier mortal y se volvía inmortal. Nada podía matarlo… excepto el otro ente.
El primer ente fue quien creó la Magia, la vida y el Destino. Su encarnación adquiría, además de la inmortalidad, conocimiento absoluto sobre el futuro profetizado. Sabía cómo actuaría cada persona en cada situación, y cómo guiar a la humanidad. Su Magia era la más poderosa.
El segundo ente fue quien creó la Habilidad, la muerte y la Libertad. Su encarnación poseía, junto con la inmortalidad, la capacidad de liberar a todo ser humano, de luchar en contra de las profecías. Nada ni nadie podía predecirle, y nada ni nadie podía predecir cómo actuaría él o cómo actuaría quien fuera tocado por su persona. Su Habilidad era la mayor.
Ambos seres vivieron en esta tierra desde los albores de la humanidad. Sin embargo, un cuerpo humano no es capaz de resistir tanta fuerza, y con el paso de los años se gastaba. Cada quinientos años, el ente se reencarnaba en otro humano distinto. Nunca ningún ente consiguió matar al otro, pues su fuerza estaba demasiado igualada.
Los humanos comunes y corrientes se percataron de la existencia de estos seres. Sin embargo, a sus ojos el benigno era aquel que luchaba por controlar la humanidad, pues sus actos siempre guiaban a todos hacia el bien, aun privándoles de su libertad. En cambio, los humanos tocados por el segundo ente eran completamente liberados y nunca se sabía cómo actuarían, si mal o bien.
El primer ente fue llamado «Dios».
Mientras que el segundo fue llamado «Diablo».
¿Quién es mejor de los dos? No lo sé. Sin embargo, Dios no me causa simpatía, puesto que su Destino hizo que los D’anero cayeran. El Diablo me es indiferente.
Por desgracia, ambos son demasiado importantes como para poder ignorarlos en mi plan. Ambos están incluidos… Y lo saben.
¿Que cómo sé tanto, te preguntas? Bien, querido lector, durante mi vida, he viajado mucho, buscando siempre lo mismo. En mis viajes, conocí a ambos seres y mantuve conversaciones con ellos. Me contaron todo esto… pero ninguno me ayudó.
Yo soy el «Rey». El Destino me persigue, así que no soy libre. Pero he sido tocado por el Diablo, de forma que soy libre y no lo soy a la vez. ¿Qué ocurrirá conmigo?
No lo sé. Tan solo sé que vengaré a los D’anero y, sobre todo, vengaré a Crystal.
Lo demás no me importa.
Se despide:
Alexis D’anero.
El que está más allá del Dios y del Diablo.