Capítulo 25 (Avance)
Dedos rápidos le explicó a Victoria todo lo que sabía sobre el monje blanco y sobre «Dios». La princesa fue frunciendo al avanzar la historia, hasta que finalmente el ladrón terminó de hablar.
—De forma que el monje blanco… —dijo cuando Dedos rápidos calló por fin.
—Es la encarnación del Primer Ente en un humano, sí. ¿Entiendes ya el por qué de su fuerza?
—Entiendo muchas cosas —respondió Victoria—. ¿Quién es el «Diablo»? ¿Eres tú? No me sorprendería nada, la verdad.
—¿Yo? —el ladrón arqueó las cejas—. Soy el «Diablo de Sangreal», pero no soy la encarnación del Segundo Ente, desde luego. Tampoco tengo ni idea de quién es; al parecer, es bastante más discreto que el monje blanco, que difunde su nombre allá por donde va.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, ya te he dicho que me puedo resistir a la voluntad del «Señor» —respondió Dedos rápidos, señalándose a sí mismo—. Según una profecía, yo debería haber muerto al encontrar a Cath.
—¿Ah, sí? —Victoria se inclinó hacia delante—. ¿Cómo sabes que la profecía decía eso?
—Bueno, me lo contó alguien que sabe de profecías, desde luego. Lo que importa es que, según la profecía que los Guardianes de Nadwer leyeron, el «Ladrón» debía morir a manos de aquellos que le quitaron a Cath su vida. Ya ves que sigo vivo, lo cual quiere decir que he sido tocado por el «Diablo» en algún momento.
—¿Y no sabes quién es el «Diablo»?
—No. Me sorprendí mucho cuando me enteré de que el «Diablo» me había hecho libre. Sin embargo —alzó una mano— eso no quiere decir que no siga habiendo profecías sobre mí. Otra cosa es que se cumplan… no se sabe si lo harán o no. Soy completamente libre.
—De forma que conoces al «Diablo» y no sabes quién es… —Victoria se frotó la barbilla—. Dedos rápidos… ¿Estás seguro de que eres el «Ladrón»?
—Completamente. Ya te lo he dicho, me lo contaron los Guardianes de Nadwer. Son quienes descubren y leen las profecías en las estrellas.
—Pues a mí me parece que eres el «Diablo» —respondió Victoria—. No sé si lo sabes, pero cuando te enfadas… cuando te enfadas de verdad, quiero decir, tus ojos…
—Sí, lo sé. Es una historia larga —respondió el ladrón, encogiéndose de hombros—. Eso no quiere decir nada. Cada persona tiene tan solo un alias, no pueden repetirse. Y pese a que ya no lo soy, mi alias es el «Ladrón». Ahora —Dedos rápidos la miró fijamente— tu parte del trato. Dime tu alias. Ya.
—Pero…
—¡Ya! ¡Siempre cumples tu palabra! ¿No? ¡Pues venga!
La princesa tragó saliva. Lo que le había dicho Dedos rápidos había sido impactante, y no estaba segura de si debía creerlo o no. Algo tan sumamente extraño tenía pinta de embuste.
—¿Cómo sabes tanto? —le preguntó Victoria, cambiando de tema—. No me parece normal que alguien sin importancia como tú sepa tanto… y no me refiero tan solo a esta historia del Diablo. O eres más viejo que el Sol, o alguien te ha contado demasiad…
—Victoria —cortó el ladrón, malhumorado—, escúchame. Dime ahora cuál es tu alias, porque sé que lo sabes, y ya. No voy a decirte nada más y tengo ganas de partir hacia Puila de una vez.
Victoria se dio por vencida. —De acuerdo, partamos hacia Puila ya. Sigo pensando que es muy rápido, pero…
—¡Victoria! —gritó el ladrón. Sus ojos empezaron a coger un tono rojizo—. O me dices tu alias, o te lo saco por la fuerza. Tú eliges.
—De… acuerdo. —Victoria suspiró, acongojada. Había dado su palabra y tenía que cumplirla… siempre podría disimular con respecto a su alias. —Mi alias… me lo dijeron hace poco —comentó—. Es… la «Princesa».
Tragó saliva. Si Dedos rápidos ataba cabos, en seguida comprendería que ella era una Van Lauthen. Y su reacción ante esta información… podía ser violenta, estaba segura.
—La «Princesa»… —el ladrón repitió el alias lentamente, como saboreando la palabra—. Sí, es tu alias… lo noto. Quizá te hayas dado cuenta de que es casi imposible mentir al hablar de este tema; hay algo que nos lo impide. «Princesa»… qué raro.
Victoria alzó la cabeza, extrañada. El tono del ladrón no parecía ni de furia ni de sorpresa, a pesar de sus palabras. El rojo de sus ojos se había esfumado.
—¿Acaso tiene Eberhard un hijo? Bueno, si eres la «Princesa», tendrán que ser dos… porque si no, serías la «Reina».
—¿Eh?
—¿No lo entiendes? Serás una «Princesa» algún día. Sin embargo, algo me dice que no de Na-Shaya… es imposible que Eberhard tenga hijos. Así que supongo que acabarás con un príncipe de Neishi. Victoria Hikkohime… suena raro.
Victoria no se podía creer lo que estaba escuchando. El ladrón había asumido directamente que el estado de «Princesa» era futuro, no del momento presente… se había salvado por poco.
Tragando saliva de nuevo, volvió a hablar, con voz trémula: —¿Para qué te sirve saber mi alias?
—¿Conoces a los Guardianes de Nadwer? —le respondió el ladrón—. Son los únicos capaces de leer profecías, y tienen muchas. Sin embargo, son reacios a decirlas… tan solo hablan cuando quieren hacerlo, y son demasiado leales al monje para mi gusto. En el fondo, son casi su ejército privado.
—¿El monje tiene un ejército?
—En cierto modo. Son monjes guerreros y, desde luego, tienen fuerza. Una vez los visité, pero no me recibieron precisamente con los brazos abiertos. Por todo eso de ser tocado por el «Diablo», ya sabes.
Victoria asintió. Dedos rápidos se puso de pie y comenzó a andar en dirección a Puila. La princesa, casi sin darse cuenta, le siguió.
—De hecho, no me querían decir absolutamente nada, porque el «Ladrón» era un enemigo del monje blanco, según las profecías que ellos mismos leían. No me atacaron, pero me echaron del templo.
—¿Templo?
—Sí, el Gran Templo de Nadwer. Ya sabes, el que está en Sacro, la capital —respondió el ladrón—. En resumen, no me contaron nada… excepto que debería haber muerto en Nandry.
—Sigo sin entender por qué necesitas saber mi alias.
—Porque mi alias es el «Ladrón» por un buen motivo —respondió Dedos rápidos, sonriendo—. Necesitaba urgentemente encontrar algo entre esas profecías, así que me colé en el lugar donde las guardaban y las leí todas. La mayoría me fueron inútiles, pero memoricé las que hablaban sobre mí. Por desgracia fue hace ya mucho tiempo… —el ladrón miró al cielo y suspiró—. No las recuerdo, por mucho que lo intente. Creo que hay algún tipo de encantamiento que me impide saber eso si no soy un Guardián, aunque parte de la información no se perdió.
Victoria frunció el ceño, cada vez más interesada. —¿Entonces recuerdas algo?
—Sí. Si escucho un alias, soy capaz de recordar algo de él… en concreto, si es o no es mi enemigo.
—Y… —Victoria dudó—. Y yo soy…
Dedos rápidos sonrió y la miró a los ojos.
—Ni más ni menos que mi más poderosa aliada, Victoria. Felicidades.
Puila destacaba en el horizonte al atardecer, con el humo de cientos de casas elevándose hacia el cielo.
—Puila… —murmuró Dedos rápidos—. Esta ciudad será más complicada que Nuvea, estoy seguro.
—Sí… —Victoria asintió.
Había Zurdos y Diestros en la ciudad, los notaba. Estaban muy lejos, pero al ser tantos era sencillo detectarlos… como un enjambre de abejas, que se podía percibir a distancia.
—¿Cómo es que no había ningún Diestro o Zurdo en Nuvea? —comentó—. Era una ciudad bastante grande.
—En Curpo hay poca gente con Habilidad —respondió el ladrón—. Y la poca que nace con ella se va de aquí para poder aprender a usarla. Con la Magia pasa lo mismo, seguramente.
—Pues aquí hay bastantes… ¿Qué hacemos? ¿Lo mismo que en Nuvea? Porque no creo que también tenga un tirano…
—No, tengo otra idea —respondió el ladrón—. Si uno de los dos ataca la ciudad y el otro la salva, la gente estará agradecida…
—Y podré hacer el hechizo de lealtad —completó la princesa—. Pero entonces, ¿tengo que atacar la ciudad? ¿Cómo? ¿Con Magia y sin motivo alguno?
—Algo así… Habría que pensar cómo hacerlo exactamente.
Victoria frunció el ceño mientras intentaba pensar en un plan. —No es seguro que ataque sin más la ciudad, porque no causaría demasiado daño…
—Bueno, yo creo que sí —comentó el ladrón—. Entre que eres Ambidiestra y que conoces los Caminos, eres algo más poderosa que un Zurdo medio. Además, no tienes su principal defecto, o eso espero.
—¿Defecto?
—Ajá —asintió el ladrón sin mirarla. Parecía estar pensando en otra cosa—. Los Zurdos pueden hacer muchas cosas, pero no tienen demasiada imaginación precisamente. Suelen memorizar una serie de hechizos y usarlos siempre, pero no son capaces de improvisar cuando es necesario… Al ser Ambidiestra, a ti no te pasa.
Victoria no dijo nada. Aquella afirmación del ladrón le parecía una soberana tontería, algo dicho sin pensar demasiado. Por ahora, hacía falta concentrarse en cómo conquistar Puila…
Aunque… ¿Por qué hacerlo? El ladrón era su enemigo, debía recordarlo. Estaba con él con el único propósito de sacarle información sobre los D’anero, amén de descubrir a Alexis D’anero y comprobar si era digno de su admiración, ya que su propio padre no lo era. Pero querer sacar información al ladrón no significaba satisfacer todos sus caprichos.
Sin embargo, quizá sí debía conquistar Puila, al fin y al cabo. Si lo del monje blanco era verdad, si estaban luchando contra Dios, quizá su padre no merecía tanto desprecio por haber actuado así. ¿Cómo se podía luchar contra un ser que te había creado?
Aunque claro, matar a una niña como Catherine, que no había hecho nada aparte de sobrevivir a un ataque de los D’anero… eso no tenía excusa, por mucho monje blanco que se inmiscuyera.
—¿Sabes? Quizá deberíamos engañar a todos directamente —dijo de pronto el ladrón, interrumpiendo los pensamientos de Victoria—. Tendrás que atacar la ciudad, y yo la defenderé. Usa el Camino de la Ilusión y haz ver que tienes un ejército, o algo así. Si lo creas desde una distancia tan grande, pocos Zurdos se darán cuenta del truco.
—¿Eh? —preguntó Victoria, distraída—. ¿Y entonces?
—Entonces…
Una sombra corría por entre las casas de Puila a medianoche. Se movía a una velocidad vertiginosa, sin hacer ruido alguno. Buscaba algo y parecía no encontrarlo…
Hasta que lo encontró.
La sombra se detuvo en un callejón, oscuro incluso de día. El olor a orina, vómito y alcohol flotaba en el aire. La sombra arrugó la nariz, molesta.
En el fondo del callejón había otra sombra, pero esta no era grácil, rápida y silenciosa como la primera, sino que era un bulto gordo que se hinchaba y deshinchaba al son de unos ronquidos que no parecían humanos. El olor a alcohol era mayor aún cerca de aquello.
La primera sombra se acercó y sacudió a la segunda, hasta que esta, con una serie de gruñidos, despertó.
—¿Qué…?
—Chsst —la primera sombra, un muchacho vestido con capa y sombrero, le hizo callar, tapándole la boca—. Nada de ruidos innecesarios.
La segunda sombra lo miró, confundido. Era un hombre gordo que no parecía haberse lavado en mucho tiempo. Sus ojos, vidriosos, delataban su ebriedad.
—Muy bien, ahora escucha —dijo la primera sombra—. Dime dónde puedo encontrar al jefe de esta ciudad. Y si hay algún tipo de guardia, también quiero saberlo. Habla.
Acto seguido, el joven quitó la mano de la boca del otro. El borracho empezó a farfullar cosas sin sentido, molesto por haber sido despertado.
El joven del sombrero no se andó con tonterías. Cogió al borracho del cuello y lo levantó con suma facilidad. Lo miró a los ojos y repitió la pregunta.
El borracho, asustado, intentó liberarse del agarrón, pero no pudo. Finalmente, con la lucidez que le otorgaba el miedo, habló. Tras murmurar una serie de palabras y señalar una dirección, se precipitó contra el suelo. El muchacho lo había soltado.
Intentó levantarse y salir corriendo, pero no pudo. El muchacho se agachó y el acero brilló a la luz de la luna en su mano.
El borracho se derrumbó, mientras Irwin Dedos rápidos guardaba su arma. Acto seguido, se puso en camino en dirección a la casa del Señor de Puila.
Victoria tenía los ojos cerrados mientras se intentaba concentrar en su Magia. No le costó mucho. Nunca le costaba demasiado.
Cansada, abrió los ojos y miró hacia Puila, aunque no podía distinguir la ciudad, ya que estaba rodeada de oscuridad. La luz de la luna no alumbraba lo suficiente.
De todas formas, no tenía mucho que ver. Según lo que había aprendido en sus clases en Na-Shaya, todas las ciudades de Curpo estaban construidas al estilo de Curpo. Y lo mismo pasaba con Ager, con Neishi, con Nadwer… vista una ciudad de cada reino, vistas todas. Y ya había visto Nuvea, así que se podía imaginar cómo sería Puila: calles amplias de tierra, casas altas de piedra… lo único que la diferenciaba de Nuvea era la falta de murallas. Y los Zurdos y Diestros, claro está.
Por ahora no tenía que hacer nada. Dedos rápidos se encargaba de la primera parte del plan, y hasta que no acabara, ella no entraría en acción.
—El único problema es… ¿Cómo va a darme la señal? —murmuró. El ladrón tenía que ser sigiloso y no tenía nada con lo que hacer una señal visual.
Victoria se encogió de hombros. —En fin, ya se las apañará. Ella ya estaba preparada. El hechizo era difícil, así que tenía que poner los cinco sentidos en hacerlo bien. Sin embargo, si algo salía mal sería por culpa del ladrón, única y exclusivamente.
—Aunque me parece que es un poco rebuscado… Quizás será necesaria demasiada coordinación como para hacerlo bien a la primera.
Pasaron los minutos, y de la ciudad no salía ningún tipo de señal. Nerviosa, Victoria decidió contactar con el ladrón de alguna forma. Utilizó su Magia y se concentró en crear una conexión con la mente del ladrón.
Frunció el ceño. Demasiado complicado. Tardaría mucho en hacer eso, y no sabía en qué momento el ladrón le haría la señal.
—Los Caminos… piensa en los Caminos —se dijo.
Pero, ¿qué Caminos serían necesarios? No había ninguno claro…
El de la Creación seguramente era necesario, ya que Victoria quería «crear» una conexión con el ladrón. Pero… no, faltaba algo. Para «crear» la conexión, tenía que «manipular» las mentes de ambos. Y quizá… ¿Movimiento? No, no habría nada de movimiento en ese conjuro.
Así pues, Creación y Manipulación. Bueno, de paso ensayaba cómo utilizar dos Caminos al mismo tiempo.
Victoria se concentró. Magia… Magia… sí, ahí estaba. El hormigueo que le recorría todo el cuerpo. Sintiendo ese hormigueo, se centró en su objetivo.
Camino de la Creación y Camino de la Manipulación… Camino de la Creación y Camino de la Manipulación…
Asombrada, abrió los ojos. El hechizo era complicado, sí, pero aun así su sencillez era mucho mayor que cuando había intentado crear la conexión directamente. Se concentró en especificar el objetivo de esos dos Caminos y efectuó el baile, que constaba de una serie de movimientos de manos y un soplido en dirección al ladrón.
Esperó de nuevo. Notaba cómo la Magia se deslizaba por las calles y buscaba al ladrón, pero este no aparecía. Frustrada, siguió esperando.
Entonces, un grito rasgó la noche. Un grito inhumano, agudo y chirriante, que retumbó varias veces en el ancho valle.
Al mismo tiempo, Victoria entró en contacto con Dedos rápidos. La conexión mental era débil, puesto que Victoria no quería que el ladrón averiguara todo lo que sabía, de forma que tan solo escuchó lo que el ladrón quería que escuchara.
—¿Qué has hecho? —preguntó—. He notado que me intentabas hechizar, pero estaba algo ocupado y no me ha dado tiempo a esquivarlo. ¿Qué se supone que pasa ahora?
—Una conexión mental —contestó Victoria, pensando en la respuesta—. Puede sernos bastante útil si surge un imprevisto. Piensa en la respuesta, no hace falta que hables en voz alta.
—De acuerdo. La conexión es bastante débil, pero supongo que será algo hecho aposta, ¿no?
—No quería que te enteraras de mis secretos —respondió la princesa.
—El sentimiento es recíproco. ¿Has oído el aullido? —preguntó el ladrón.
—Sí. ¿Has sido tú?
—Exacto. Supongo que ya sabes lo que significa.
Victoria asintió, aunque Dedos rápidos no pudo verlo.
—Que empieza el plan.